martes, 16 de febrero de 2010
Conciliábulo
Nací en un ambiente atroz y antihumano. Nadie podrá creer las condiciones en las que fui mantenido, su único interés hacia mí era ver si de infortunio yo seguía con vida. Aquel lugar lleno de amor sin amor, lujuria, ambiciones, excesos, adicciones. A todo ello culpo la inútil razón de mi existir aquí. Al crecer adopté los mismos hábitos que ya tenían todos los que se encargaron de hacerme como soy, al contrario de ellos, me doy cuenta que no estoy nada cuerdo. Los culparé, no podrán nunca ver más allá de lo asqueroso que tienen a su alrededor. Crecí, con mi mente ya dañada. Quince años, me di cuenta de la eclosión que había causado todo ello en mí. Me seguí creyendo más fuerte que todos ellos, retaba a mi cuerpo introduciendo todo lo que encontraba hasta quedar inconsciente. De esta forma sentía que me fortalecía, mi cuerpo nunca decaía. Mi mente se hacía más fuerte, yo, al sentir esa languidez en mi cuerpo y esa fortaleza en mi alma me sentí invencible e invulnerable a todo. Aproveché aquel tremendo trance para idear la venganza en contra de todos ellos, culpables de mi dicha y mi desdicha. Entré al primer cuartucho, una pareja se complacía con tanto fervor sin amor, cuánta lujuria. Tomé al fuerte de los dos, lo tomé desprevenido oprimí su garganta mientras que aquella mujer no dejaba de sollozar, gritar pidiendo auxilio – Nadie te va a escuchar calla, ya acabé contigo, ahora, callaré tus asquerosos gritos. Así fui apaciguando los gritos de aquel lugar hasta que llegó el momento de un ambiente inaudible, solo mi respiración agitadísima y exhausta. – Sólo falto yo. Seguía jadeando, estaba completamente exhausto, tomé lo más fácil para realizar mi propio homicidio cortándome la yugular dejando desangrar mi propio cuerpo, excitándome con los pletóricos brotes de mi sangre. Percibí el pútrido olor durante todas esas horas sin que ningún otro sentido pudiera captar lo que pasaba. Mis sentidos volvieron a ver, sentir, escuchar y a deleitar en lo que me había convertido, ahora, afirmo que soy invencible, infinito, omnipresente e inmortal. Ahora saben que se han equivocado, desafiaron mi grandeza, me engañaron. En algún tiempo entenderán que yo no soy terrenal como ustedes mis súbditos.
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