martes, 16 de febrero de 2010
Mi movimiento histórico
¡Ah! Cómo me hubiera gustado verlo sufrir más, arrastrándose por el suelo, implorando por mi perdón. Cómo me hubiera gustado ver correr más sangre de su cuerpo en el suelo, escuchar más gritos de dolor, agonizando un poco más, solo un poco más era lo que necesitaba, merecías más.Sabes, querido amigo, tú fuiste el único culpable de todas mis acciones y por eso fuiste merecedor de todas. No te pediré nunca perdón ¿Sabes? Nunca me había extasiado tanto, con verte sufrir, con el simple hecho de que por fin tú estuvieras arrodillado frente a mi pidiendo perdón y suplicando que acabara con todo aquello y que fuí yo el que por fin te vio desde arriba, verte inferior a mí, me deleitabas tanto. Al verte lloriquear me llenabas de más de grandeza, ¿nunca se te ocurrió que me iba a sentir de ese modo? Pues sí te lo confirmo, me sentí como nunca te podrás imaginar. Fue un error tuyo haberme suplicado tanto, pero ahora te lo agradezco. ¿Estás consciente de que era lo justo? No sé, ni me importa si te pareció justo o no, a mi me pareció que por fin la sagrada justicia se cobro todas las que te debías conmigo. Ahora te diré y me tomaré el tiempo necesario para explicarte de manera minuciosa el porqué de mi comportamiento, creo que aún así, después de todo, te mereces algo de compasión ¡Ah, tantas contradicciones! Nunca estuve tan fuera de mis cabales como aquella vez, sabes perfectamente cuál y sé que te sigues deleitando con esa escena. Yo, viéndolos de frente ¡Sé que me viste imbécil, y aún así no detuviste nada! Sostuviste su mano unos segundos, segundos que para mí duraron una eternidad, sus manos suaves, tersas, delgadas, finas, casi transparentes, escultadas, sostuviste las dos en una tuya. Ahora le hablaste, le susurraste en su oído, en su oreja perfecta, pequeña, igual de transparente que todo su cuerpo, quitaste sus cabellos, cabellos delgados y finos como nada parecido, marrones, largos, abundantes, ondulados. Después. Acercaste tu asquerosa y pútrida boca a su oreja ¿Cómo permitiste que tu horrible hálito bañara y llenara de inmundas partículas provenientes de tu boca la hermosa cara de mi mujer? Sé que ella intentó apartarse de ti, sé que siempre le causaste lástima, que todo lo que sintió por ti fue compasión. Una compasión de tu inmunda existencia aquí, ¡ay! se lamentaba siempre que te veía ¿Qué se siente causarle eso a la mujer que siempre amaste, amigo? Terminando con el relato de ese día, día que conmociono y trastorno completamente mi mente. Al momento que se aparto de ti, apretaste sus manos para impedir que hiciera algún movimiento brusco, se que ella intentaba no ver tu horrible cara tan cerca de la suya tan hermosa, cuando sintió presión en sus delicadas manos, hizo esa cara de extrañeza que tanto adoro, tú al percatarte de la realidad, otra vez, la soltaste, ¡Sé que en ese momento me miraste canalla! No me acerque por miedo a matarte en ese momento y ser víctima de un espectáculo, para eso hubo otro lugar.Seguiré con el relato, amigo, te seguiré informando de la realidad. Siempre supe que desde que la conocí estuviste enamorado de ella, la forma en la que la veías, solo eso te delato, tu mirada llena de un furor extraño con necesidad. Supe que la necesitabas como el aire, que aguanta con hastió resignado la inhalación de tu boca, sé lo que tenias en tu mente, tenerla en tus brazos, pasara lo que tuviera que pasar. Amigo, te equivocaste al pensar eso, no tenías que buscar una solución a tu problema con ella, solo un psiquiatra. Tu demencia, desde que la conociste solo acrecentaste el problema de tu defectuoso cerebro, te confieso que ahora yo también siento lástima por ti. Sigo. Como tenías que saciar tu adicción hacia ella, hiciste todo lo posible por acercarte a ella, incluso delante de mí, admito, fui un estúpido al no impedir nada, pero ahora lo he cobrado. Otro día, sé que eras tú el que la llamaba, necesitabas escuchar su voz, no injurié nada por miedo a que ella me reprochara algo, ¡ah como me molestaban sus reproches!, lo dejé pasar. Hablar contigo ya se le había vuelto una costumbre, reproché, su escusa – No tiene a nadie, necesita de alguien, me da lástima, ¡Ah, Le das lástima! Le perdoné todo, por mi cobardía, mi cobardía, mi tonta cobardía, por no querer perderla, por miedo a que se alejara de mí, sabes que ni tu ni yo podemos vivir sin ella. Amigo, de tantas cosas que tú pasabas por alto me di cuenta, lo sabía todo, nunca lo demostraba, nunca expresaba la desdicha en la que estaba viviendo, ¡Me estaba convirtiendo en alguien como tú! En alguien con el cerebro atrofiado, en una atrocidad, lo que siempre aborrecí en este mundo era un cerebro no cuerdo, ahora me estaba embriagando con mis propias ideas. Sé que nunca tuvo otro sentimiento, vuelvo a mencionar, lástima, hacia ti, pero ya estaba enloqueciendo, me torturaba, idealizaba cosas horribles, ideas que después ¡Ah! Se hicieron realidad. El último día de mi cordura, tú tenías que ser el promotor de todo. La dejé verte, como ya era costumbre. Al principio, cada que se iba, me quedaba solo extrañando su respiración, su mirada, su cuerpo, su sonrisa, su pasión, su amor, su presencia, su simple existencia que desaparecía cada que se iba contigo animal. Después, sentía desprecio ante todo, disgusto, exasperación, furia, rabia, un cólera enfermizo, lleno de celos. Sí, amigo, tuve celos, celos inexplicables, celos enfermos que estaban llenando mi alma de malicia, de depresión, de disgusto. Hacia ella, celos, celos de todo lo que pudiera rodearla, de lo que veía, respiraba, sentía, degustaba, de su felicidad, y más irritación me causaba su manera de aminorizar la situación. La manera en que me juraba que nada pasaba, no lo creía, inteligente fui al empezar a dudar justo el día de tu entrega a mi propia casa. La dejaste, llegó, la vi ¡¡Cómo pudiste!! No te puedo expresar lo que sentí cuando la vi, sucia, cansada, exasperada, exhausta, triste, impotente, golpeada y llorando. Sus pómulos ya no eran los que yo conocía, su cuerpo estaba débil y cansado, rasguños en todo su delicado cuerpo, todo su físico al que tanto admiraba y amaba estaba ahora transfigurado. Todo por ti amigo, te dejaste llevar ¿Cómo fuiste capaz de hacerla llorar, de abusar de su delicadeza y de su debilidad? ¡Ah! Siempre te dejaste llevar, ¡ay! esa lujuria fabulosa que siempre estuvo innata a ti. No te quiero explicar más, no mereces más, no mereces misericordia de nadie, todos te deben abandonar, sabes que hice lo que hice por tu bien. No debes actuar ya, no puedes, te inmovilicé para siempre, no me importaran ya las consecuencias, estoy satisfecho y orgulloso. Desnutriste todos los celos que tenía, satisficiste todo el rencor que tenía, todo el rencor que me habías causado, el único responsable de mi satisfacción tenías que ser tu. No me importa, debo admitir, ya su amor, no me importa y si hay millones de reproches contra mí, hice lo que tenía que hacer, lo que tenía que hacer desde que la conocí, al contrario amigo, ya no sentiré desdicha si su decisión es ya dejarme, ya no sentiré amor otra vez, me lo haz quitado todo. Nunca esperé que terminara de esta forma, pero ahora es la mejor manera. Te culpo amigo, por hacer que ahora ya no sienta nada, te informo que me encuentro en el mismo estado que tu, pero en cambio sigo ejerciendo movimiento, ahora sabes que siempre fui más fuerte que tu, tengo algo más que tu.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario