martes, 16 de febrero de 2010

Vicio

Seguiste con las mismas costumbres de hace tres años, acabando con tu cuerpo, con tu mente, con tus sentidos. ¡Te imploré que acabaras con eso!, nunca me escuchaste. Ahora, te veo desvanecer, estás cavando tu propio destino, lo sabes, y aún así no terminas con eso. Sé que la genialidad de tu mente no se la debes a eso. Ayer por la noche empezaste tu sesión, ya delirando, me juzgaste, me atacaste con palabras. Me hiciste sentir más mediocre que tú, después te disculpé, te perdoné y culpaste a tu desdicha por haberte incitado a decir esas atrocidades. Ya no sé quien ejerce autoridad en su mente tan brillante. ¡Escribe, escribe, escribe…! ¿A quién le debe tanto? ¿Qué puedo hacer yo por él? Lo he obligado a analizarse a escrutarse y juzgarse, sólo por días dura su sobriedad y su culpabilidad. Cuándo está bajo aquella influencia, no siento la compañía de un ser viviente ni de un humano con mente inteligente y con razón, me siento con algo peor que un animal, no puedo hablarle, sus ojos se disgregan y se aletargan, no me puedes mirar fijamente, no veo ya a nadie. Te tengo tanto miedo, y aún así sé que no te puedo dejar, no puedes ya controlar el dominio de tus sentidos, y aún así, yo los podré controlar por ti. Te debo más a ti de lo que tú a mí. Me veo, te veo, me siento insignificante y mediocre. No sé con quién estoy ya. ¿Mi compañía te hace bien o mal? No sé, no sabemos que es el bien y que es el mal. Para mí, para ti, no hay moral. ¿Qué hacemos si no somos dignos de juzgarnos? ¡Necesito que me ayudes! ¡Estoy enloqueciendo al igual que tú! ¡Ah! Dime, que hacemos. Si tu mente te impide buscar una solución, ya verás, yo la encontraré. Todavía puedo mantenerme, todavía puedo expresar nuestras ideas oralmente, todavía puedo actuar. Seré fuerte, hablaré y haré por los dos. Ahora, ayúdame a que duren mis cabales para que no terminemos de caer. ¡Saldremos, saldremos, saldremos…! No, no puedo, no puedo por los dos, ni por mí ni por ti. Ahora, nos ahogaremos los dos. Compartiremos ya esta demencia que te atrapó primero, luego me llevó a mí, nos llevará a los dos hasta donde ella quiera, la obedeceremos y seremos esclavos de ella, los dos sometidos. Gracias a ti, ahora comparto tu dolor y tu impotencia ante ello. Ahora somos dos, ya no estás solo en el delirio, te acompañaré siempre, compartiendo nuestras alucinaciones. Compartiendo y haciendo las realidades irrealidades que siempre quisimos. Llegaremos hasta donde ellas quieran terminar, como siempre quisimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario